Receta de Salsa Bechamel – Salsa Base Clásica Francesa
La salsa bechamel perfecta es el pilar de la cocina francesa. Con tan solo unos pocos ingredientes, conseguirás una salsa suave y cremosa que realza infinidad de platos.
La salsa bechamel perfecta es el pilar de la cocina francesa. Con tan solo unos pocos ingredientes, conseguirás una salsa suave y cremosa que realza infinidad de platos.

La salsa bechamel, una de las cinco salsas madre de la cocina francesa clásica, debe su nombre a Louis de Béchameil, su supuesto creador. Esta cremosa salsa blanca sirve de base para gratinados, lasaña y muchas otras delicias. El secreto reside en el equilibrio perfecto entre mantequilla, harina y leche, es decir, el roux. Con la técnica adecuada obtendrás una bechamel sedosa y sin grumos que elevará tus platos a otro nivel. Ya sea para canelones, musaca o como base para salsas de queso, esta versátil salsa es un recurso imprescindible para todo cocinero aficionado con ambición.
Los grumos suelen aparecer al añadir la leche demasiado rápido o por remover de forma irregular. Incorpora siempre la leche poco a poco y remueve de manera continua con las varillas.
La bechamel perfecta debe napar una cuchara de madera con una capa fina. Ha de ser lo bastante espesa para adherirse a la pasta o las verduras, pero sin llegar a quedar rígida.
Sí, aunque la salsa resultará menos cremosa. Para mejores resultados, utiliza leche entera con un 3,5% de grasa o añade un chorrito de nata.
La salsa bechamel es una de las cinco salsas madre de la alta cocina francesa que François Pierre de La Varenne sistematizó en el siglo XVII. Debe su nombre a Louis de Béchameil, financiero en la corte de Luis XIV, aunque no está del todo claro si fue él quien la inventó o simplemente quien le dio nombre. Hoy en día es imprescindible no solo en la cocina francesa, sino también en la base de numerosos platos europeos, desde la lasaña italiana hasta la musaca griega.
La salsa bechamel ya fría se conserva en el frigorífico 2-3 días, tapada con film transparente directamente en contacto con la superficie. Se puede congelar en porciones hasta 2 meses; tras descongelarla puede separarse, pero basta con calentarla a fuego suave sin dejar de remover para recuperar su textura. Al recalentar, añade siempre un poco de leche, ya que la salsa espesa bastante en el frigorífico.
La salsa bechamel combina de forma clásica con pastas como la lasaña o los canelones, con gratinados de verduras como coliflor o brócoli, y con carnes o pescados gratinados al horno. Para beber, un vino blanco seco marida muy bien, como un Chardonnay o un Bourgogne Blanc, que complementa la nota cremosa y mantecosa sin llegar a enmascararla. Es igual de adecuada para una cena familiar sencilla que para reuniones más elegantes, donde puede servir de base para salsas más elaboradas como la Mornay o la Soubise.